Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre

En la persona de Jesús se produce la unión y unidad esencial e inseparable de dos naturalezas diferentes -la humana y la divina- simultáneamente.

14 DE DICIEMBRE DE 2025 · 08:00

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Dios con nosotros (2)

Vimos la pasada semana que si bien Jesucristo nace, el Verbo o Hijo de Dios se encarna. Es decir que el Verbo o Hijo de Dios preexiste o existe antes de encarnarse como hombre. Por eso se habla en teología de la preexistencia eterna de Cristo, el Verbo o Unigénito Hijo de Dios. Jesucristo es, ciertamente, el Hijo de Dios, pero de una manera tan especial y única, que sólo Él ha sido engendrado eternamente por el Padre, y no creado como nosotros. Él no es Hijo de Dios, como nosotros, por adopción, sino por naturaleza.

El meollo y el misterio más incomprensible y maravilloso de la encarnación consiste en lo que la teología llama la “unión hipostática”, es decir la unión y unidad esencial e inseparable que se da en la persona de Jesús de Nazaret de dos naturalezas diferentes: la naturaleza humana y la divina simultáneamente.

En Cristo las dos naturalezas: la divina y la humana no se pueden dividir ni separar, sino tan sólo distinguir, pues quedaron indisolublemente unidas en la persona de Jesús de Nazaret, El Verbo o Hijo de Dios.

Por eso el credo Atanasiano dice también: “adoramos un solo Dios en Trinidad, y Trinidad en Unidad, sin confundir las Personas, ni dividir la Substancia”. La humanidad y la divinidad en Cristo son, pues, como las dos caras de una misma moneda.

El credo Atanasiano también habla de la encarnación es estos esclarecedores términos:

“Porque la Fe verdadera, que creemos y confesamos, es que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y Hombre. Dios, de la Substancia del Padre, engendrado antes de todos los siglos y Hombre, de la Substancia de su Madre, nacido en el mundo; Perfecto Dios y Perfecto Hombre, subsistente de alma racional y de carne humana; Igual al Padre, según su Divinidad; inferior al Padre, según su Humanidad. Quien, aunque sea Dios y Hombre, sin embargo, no es dos, sino un solo Cristo: Uno, no por conversión de la Divinidad en carne, sino por la asunción de la Humanidad en Dios; Uno totalmente, no por confusión de la Substancia, sino por unidad de la Persona. Pues como el alma racional y la carne es un solo hombre, así Dios y Hombre es un solo Cristo”.

Y la definición de fe de Calcedonia, otro de los credos antiguos suscritos por toda la iglesia cristiana lo ratifica de este modo:

“Enseñamos a los hombres que confiesen al mismo y único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, a la vez perfecto en Divinidad y perfecto en humanidad, verdadero Dios y verdadero hombre, consistente también de alma racional y cuerpo, de la misma substancia con el Padre en cuanto a su Divinidad y, a la vez, de la misma substancia con nosotros en cuanto a su humanidad; semejante a nosotros en todo respecto, excepto en el pecado; en cuanto a su Divinidad, engendrado del Padre antes de todos los siglos; sin embargo, en cuanto a su humanidad, nacido, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, de María la Virgen, la “portadora de Dios”; uno y el mismo Cristo, Hijo, Señor, Unigénito, reconocido en dos naturalezas, inconfundibles, inmutables, indivisibles, inseparables; sin ser anulada de ninguna manera la distinción de las naturalezas por la unión, más bien siendo conservadas y concurrentes las características de cada naturaleza para formar una sola persona y subsistencia, no divididas ni separadas en dos personas, sino uno y el mismo hijo y Unigénito Dios el Verbo, el Señor Jesucristo; así como desde los tiempos más remotos, los profetas hablaron de él, y como nuestro Señor Jesucristo mismo nos enseñó, y como el credo de los santos padres nos ha transmitido”. No hay en realidad mucho que añadir a esto desde enntonces.

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La encarnación es, pues, un acto conmovedor de humillación por parte de Dios, por amor a nosotros, como lo indica Pablo en ese pasaje central de la epístola a los Filipenses que dice: “La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo…” (Filipenses 2:5-8).

La humillación no está solamente en morir en la cruz como un criminal. Para Dios la humillación consiste en el simple hecho de hacerse hombre y al hacerlo, decidir venir a este mundo en un humilde pesebre en la familia de un humilde carpintero y su esposa. Dios es el Autor y Director de la historia humana, pero el encarnarse como hombre, decidió también ser el Actor principal de ella con todo lo que esto implicó.

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Artículos publicados de esta serie sobre "Dios con nosotros"

1.- El milagro de la encarnación

2.- Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre

Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL - Creer y comprender - Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre