La historia de Chloe Cole: ‘Mordí la fruta de la transición de género, pero Dios me sanó’
Esta ‘detransitioner’ denuncia el abuso médico en programas pediátricos de identidad de género en EE.UU.
The Christian Post · 28 DE AGOSTO DE 2026 · 08:00
Chloe Cole, hoy una activista contra los tratamientos de “afirmación de género” en menores, recuerda que su infancia estuvo marcada por la soledad y la sensación persistente de no encajar en su entorno social. A los 12 años, explica en The Christian Post, encontró en comunidades trans on line un espacio de validación que le ofrecía explicaciones simples a un malestar profundo que no sabía definir. Actualmente ella cree que sufría problemas de salud mental, dentro del espectro autista.
Según relata, fue en ese contexto cuando profesionales médicos presentaron la transición de género como la vía para resolver su angustia, respaldándola con estudios y estadísticas que su familia no tenía herramientas para cuestionar, pero que como luego ha descubierto posteriormente eran falsos o estaban manipulados.
Como ejemplo, Cole afirma que sus padres fueron expuestos repetidamente a una cifra que se convirtió en el eje de las consultas: un supuesto 41% de riesgo de suicidio si no se procedía con la transición médica. Sin embargo, esa estadística provenía de una encuesta a adultos trans y no demostraba que la transición evitara intentos de suicidio en menores con disforia de género.
Cole sostiene que la narrativa que ofrecen los médicos en favor del transgenerismo colocaba a las familias ante una disyuntiva emocional extrema: “un hijo vivo o una hija muerta”. En su caso, la presión culminó en una doble mastectomía a los 15 años, realizada en plena pandemia, mientras otros procedimientos médicos de mayor importancia o urgencia eran aplazados en todo el país.
Hoy, desde su detransición, sostiene que su experiencia refleja un problema sistémico: menores que buscan sentido y respuestas profundas son conducidos hacia tratamientos médicos irreversibles sin un consentimiento plenamente informado.
Actualmente es embajadora de Independent Women’s Forum y una figura destacada en el activismo contra los procedimientos de transición en menores. Su historia se ha convertido en un caso emblemático dentro del debate sobre la atención médica de género en Estados Unidos, donde se cruzan cuestiones éticas, ideológicas, regulatorias y de salud pública.
El sistema médico bajo escrutinio
Años después, Cole se ha convertido en una de las voces más visibles en el movimiento “detransicionador”. Su testimonio coincide con hallazgos recientes del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), que publicó un informe sobre prácticas de facturación y diagnósticos presuntamente fraudulentos en programas pediátricos de identidad de género ( "Lobos con batas blancas: Cómo los médicos y hospitales impulsaron y se beneficiaron del fraude de la 'medicina de género'.") .
El documento señala que algunos proveedores habrían utilizado diagnósticos como “trastorno endocrino, no especificado” para justificar bloqueadores de la pubertad, pese a que la disforia de género no es un trastorno endocrino. El análisis identifica cerca de 50 millones de dólares facturados en este ingente negocio, bajo estas categorías para menores.
La administración federal ha iniciado investigaciones y emitido citaciones a clínicas y médicos involucrados en estos procedimientos.
Cole describe que, durante su transición, buscaba una explicación científica a su malestar, convencida de que su cuerpo era un error que debía corregirse. Sin embargo, afirma que la transición no resolvió su sufrimiento y que la dejó atrapada en un ciclo de intervenciones sin alivio duradero.
Su visión bíblica del error al “morder la manzana” de la transición de género
Cole es ahora cristiana, e interpreta su transición de género como una repetición simbólica del pecado original: un acto de tomar algo que promete plenitud pero que, en realidad, nace de la desconfianza hacia lo que Dios ha dado.
Ella articula esta visión en tres ejes principales: 1. La raíz del error: creer que lo dado por Dios es insuficiente, lo que Dios había creado -su cuerpo, su identidad femenina- era “incorrecto” o “defectuoso”. Según ella, esta es la misma lógica que llevó a Adán y Eva a dudar de la suficiencia de Dios. 2. La transición como “fruto prohibido”, un acto de buscar una solución fuera del diseño divino, una forma de “morder el fruto prohibido”. Lo describe como una decisión que parecía ofrecer alivio, pero que nunca podría satisfacer porque nacía de una búsqueda equivocada. 3. El pecado como intento de crear una respuesta propia. En su reflexión, el pecado no es solo la acción médica, sino la actitud interior: intentar fabricar una identidad alternativa en lugar de aceptar la que Dios había escrito para ella. Ella lo expresa como un ciclo de cambios que nunca llenan el vacío, porque la raíz del problema no es el cuerpo sino la desconexión espiritual con Dios. 4. La debilidad como lugar donde actúa la gracia. Cole contrapone la narrativa médica (“tu cuerpo necesita cambiar”) con la visión bíblica (“mi poder se perfecciona en la debilidad”). Para ella, la verdadera sanidad no proviene de modificar el cuerpo, sino de permitir que la gracia de Dios transforme su fragilidad interior y su auto rechazo. La transición, en su lectura cristiana, fue un desvío nacido del dolor y la confusión, mientras que la fe le permitió reencontrar propósito y reconciliarse con su identidad original.
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