Cien años de la guerra cristera en México

No fue solo un conflicto del Estado mexicano y la Iglesia católica. Las iglesias evangélicas fueron perseguidas y perdieron casi todo su patrimonio, construido desde 1870.

04 DE AGOSTO DE 2026 · 08:00

Foto de Jorge Aguilar, editada / Unsplash,bandera México
Foto de Jorge Aguilar, editada / Unsplash

La guerra cristera fue una guerra civil en México que se prolongó durante tres años, desde el 3 de agosto de 1926 al 21 de junio de 1929, y que fundamentalmente supuso una defensa de la libertad religiosa frente a las políticas del presidente Plutarco Elías Calles.

El conflicto se originó tras la promulgación de la Constitución de 1917, que incluía artículos (3, 5, 24, 27 y 130) que prohibían la enseñanza religiosa en escuelas públicas, restringiendo la propiedad de bienes eclesiásticos y regulando la participación del clero en la política. La tensión se intensificó con la Ley Calles de 1926, que entre otros aspectos imponía sanciones a líderes religiosos y fieles, limitando el culto público fuera de los templos.

La guerra dejó un saldo aproximado de 250.000 muertos, entre combatientes y civiles, y provocó un éxodo de refugiados hacia Estados Unidos

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Evangélicos mexicanos y la guerra cristera

Pero aunque fueron los católicos mexicanos los más afectados, lógico al ser inmensa mayoría entonces, en el centenario del inicio de la guerra cristera hace falta recordar que no fue solo un conflicto del Estado mexicano y la Iglesia católica.

Las iglesias evangélicas de entonces perdieron prácticamente todo su patrimonio, especialmente en el ámbito educativo y de salud que se había construido desde 1870.

Cientos de escuelas, institutos, clínicas y hospitales, y por supuesto de sus templos que pasaron a ser, hasta la fecha, “propiedad federal”.

Las iglesias evangélica también sufrieron la expulsión de todos sus ministros y pastores extranjeros y así fue necesaria la “mexicanizacion” de sus liderazgos lo que provocó el surgimiento de “nuevas” Iglesias o denominaciones producto de divisiones o rupturas internas.

Este triste episodio sangriento fue concluido con la participación de un destacado político evangélico, Aarón Sáenz Garza, abogado, militar y diplomático de formación presbiteriana. Siendo Secretario de Relaciones Exteriores y en el uso de su carácter de Canciller, logró establecer mesas de negociaciones que a la postre pusieron fin al conflicto.

Que Dios guarde a nuestra nación de repetir errores del pasado al atentar contra la imparcialidad absoluta del Estado ante cuestiones de conciencia y especialmente, de libertad religiosa.

Que Dios bendiga a la nación mexicana.

Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL - Semillas - Cien años de la guerra cristera en México