Joven héroe australiano, tras salvar a su familia: ‘Fue Dios quien lo hizo’
Durante 4 horas nadó sin descanso con fuerte oleaje y el peligro de los tiburones. En su travesía, el joven de 13 años se aferró a su fe.
Agencias · 11 DE FEBRERO DE 2026 · 11:00
La historia de Austin Applebee ha conmovido a Australia y a miles de personas en todo el mundo. Con apenas 13 años, este adolescente protagonizó una hazaña que hoy es considerada un acto de valentía extraordinaria, al nadar durante horas en mar abierto para salvar la vida de su madre y sus dos hermanos menores.
Sin embargo, lejos de atribuirse el mérito, Austin asegura con convicción que no actuó solo. “No creo que fuera yo quien lo hizo, fue Dios todo el tiempo”, expresó tras el rescate.
El suceso ocurrió en la playa de Quindalup, en Australia Occidental. La familia Applebee disfrutaba de una jornada tranquila realizando actividades acuáticas con un kayak y dos tablas de paddle surf cuando un cambio repentino en el viento los empujó mar adentro. En cuestión de minutos, se encontraron atrapados a unos cuatro kilómetros de la costa, sin posibilidad de regresar por sus propios medios.
A medida que pasaban las horas, la situación se volvió cada vez más crítica. El oleaje aumentó, las fuerzas comenzaron a fallar y no aparecía ninguna embarcación que pudiera auxiliarlos. Aunque llevaban chalecos salvavidas, la familia no contaba con agua ni alimentos, lo que incrementó el riesgo de deshidratación y agotamiento. Joanne, la madre de Austin, relató que al inicio no percibían la verdadera distancia que los separaba de la costa, por lo que tomó una decisión crucial: pedirle a su hijo mayor que nadara hasta la orilla en busca de ayuda.
Sin dudarlo, Austin se lanzó al océano. Durante aproximadamente cuatro horas nadó sin descanso, alternando los estilos de natación. Iba enfrentando un fuerte oleaje y el temor constante de encontrarse con tiburones (se vieron varios en la zona esos días). En medio de la travesía, el joven se aferró a su fe.
Relata que iba orando continuamente, cantando en su mente canciones cristianas que sabía y poniendo su vida en manos de Dios; incluso prometió que se bautizaría en su iglesia si sobrevivía. Para mantenerse firme, recordó momentos felices con sus amigos, con su grupo cristiano y otros pensamientos y recuerdos que le ayudaron a no rendirse.
Finalmente, logró alcanzar la playa, pero el esfuerzo aún no había terminado. Exhausto, caminó cerca de dos kilómetros más hasta encontrar un teléfono y pedir auxilio. Tras cumplir su misión, se desmayó, vencido por el cansancio físico y emocional. Luego Austin, aún conmovido, confesó que se sintió culpable por pensar que tal vez no había nadado lo suficientemente rápido para salvar a su familia.
Horas después, equipos de rescate lograron rescatar a Joanne, Beau y Grace, quienes habían pasado cerca de diez horas a la deriva en alta mar. Afortunadamente, fueron encontrados sin lesiones graves. El comandante del Grupo de Rescate Voluntario Marino, Paul Bresland, describió los esfuerzos del adolescente como "sobrehumanos".

Austin tuvo que ir al colegio los siguientes días con muletas por el cansancio en sus piernas. Hoy, su historia es vista como un testimonio de valentía, fe y esperanza; y para él, una prueba clara de que, en sus palabras, “Dios estuvo presente todo el tiempo”.
Por el tipo de lenguaje usa Austin (oración espontánea, canciones cristianas, grupo juvenil, decisión personal de bautizarse) lo que es seguro es que es cristiano, y lo más probable es que pertenezca a un entorno evangélico, que reúne los tres aspectos mencionados: el bautismo se vive como decisión personal, los grupos juveniles son centrales y el lenguaje espiritual es directo y experiencial. Pero no hemos podido confirmar este punto concreto.
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