La crisis del arte (y el púlpito) evangélico

Seguimos sin reparos las leyes del mercado, y el arte evangélico comercialmente se secularizó.

17 DE AGOSTO DE 2023 · 08:00

Ryan McGuire, Pixabay,musico guitarra, guitarrista música
Ryan McGuire, Pixabay

Esta crisis es lamentable, pero no debe extrañarnos. El arte evangélico creció en las dos últimas décadas más que las iglesias que eran su base de sustentación. Pero el arte evangélico; es decir, los artistas que lo producen, perdieron el contacto, el vínculo natural y dinámico que debían sostener con las iglesias.

Las iglesias, punto de apoyo desde el cual los cantantes evangélicos desarrollaban su ministerio artístico, pasaron a ser simples grupos, fans donde se agrupaban sus seguidores.

El arte evangélico, el que encarnan sus figuras  más destacadas, se comercializó, fenómeno por el cual yo nunca me he  escandalizado ni he expresado descuerdo con esto, pues entiendo que, si se crea un público consumidor, no es extraño que surjan productos empeñados en satisfacer la demanda de este público.

Entiendo que era necesario e inevitable, por muchísimas razones, que surgiera un arte comercial, aunque esto no justifica que este arte nacido de una propuesta específica de fe, perdiera su perspectiva ministerial, su llamado misional.

Lo que sucedió fue con ese fenómeno que nunca lo quisimos analizar, ni nos interesamos por ventilar sus posibles consecuencias. Todos, como si no respondiéramos a una fe que tiene sus principios, seguimos sin mayores reparos ni observaciones las leyes del mercado, y el arte evangélico comercialmente se secularizó. Dejó de ser, en algún sentido, sal y luz de la tierra y pasó a ser parte del poderoso engranaje de la industria de la diversión y el entretenimiento.

Como resultado de la masificación de la fe han surgido otras necesidades dentro de las iglesias, que al igual que el arte, a falta de una respuesta pastoral y teológica, ahora están siendo respondidas por predicadores, por verdaderos gladiadores y acróbatas de púlpitos que tienen un mensaje de motivación muy entretenido para dar masajes psicológicos y atenuar las crisis de estima de gentes que está en las iglesias haciendo ruidos, pero cuyas vidas están vacías.

Tenemos en nuestras iglesias muchísimos jóvenes que tienen sobrado talento, pero están excesivamente enfocados, no en ministrar y servir con sus dones en las iglesias –lo hacen en cierta medida–, pero su enfoque está en dar el gran salto al arte comercial religioso, donde tenemos figuras de gran impacto que cobran por interpretar dos o tres canciones cifras que andan cerca del salario mínimo que se le paga por un año a cualquier trabajador nuestro.

Esto, ya también está pasado con muchos predicadores que con notable escases de conocimientos bíblicos han logrado conectar con las necesidades psicológicas de las masas evangélicas y se han convertido en el placebo que produce alivio momentáneo, pero no sanas heridas, tampoco restaura ni transforma a nadie, porque su contenido carece del ingrediente vital de la Palabra de Dios.

Sin embargo, hay que acotar que en las congregaciones quedan muchos talentos, muchos cantantes y músicos que están al servicio de la misión de la iglesia que es llevar el mensaje de salvación y promover el Reino de Dios. A esos que se han quedado, muchos de ellos teniendo todas las condiciones para ser figuras de primera línea en cualquier escenario, sea religioso o secular, hay que reconocerlos.

En noble y sensata atención pastoral a estos talentos que desarrollan sus ministerios dentro de las iglesias, y lo hacen con tanta pasión y entrega, hay que DIGNIFICARLOS, hay que darle el cuidado pastoral apropiado y hay que alentarlos con un apoyo en metálico, en la medida de lo posible, que haga de su trabajo una tarea sostenible y le propicie la holgura digna a la que aspiramos todos.

Veo loable la iniciativa de que más que premiaciones laudatorias y alfombradas, más que flashes que destellan en coloridas pasarelas, lo que necesitamos es retornar a los  espacios  reflexivos, a los análisis serios -Biblia en manos- que nos indiquen donde estamos y adonde nos lleva este torbellino de la posmodernidad con todas sus veleidades y ligerezas.

Sin embargo, reitero que aún es alentador el profesionalismo y la entrega que se aprecia en el ministerio musical y de adoración de muchas de nuestras iglesias. Pero aún sobre esto hay que mantener un análisis crítico y teológico a la luz de la Palabra. Estamos hablando de la adoración, una dimensión de la vida cristiana que siempre estará reclamando la total atención de nuestro ser.

Como se puede ver, esta crisis tiene mucha tela por donde cortar. Ojalá se puedan crear espacios auspiciosos en los que el análisis crítico, la orientación teológica y la conducción pastoral tengan la cabida apropiada, y desde ellos se pueda emprender una recuperación a la espiritualidad que debe prevalecer en todo lo que hacemos los cristianos. A pesar de la crisis que se vive hoy, siempre mantengo la fe ardiente y creo que Dios nos habla de diferentes formas.

Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL - Para vivir la fe - La crisis del arte (y el púlpito) evangélico