Ekklesía: una identidad que convoca y envía
En el N.T. la comunidad cristiana vive una dinámica inseparable: llamada fuera del mundo para ser enviada al mundo.
26 DE AGOSTO DE 2026 · 08:00
La palabra ekklesía es una de las más ricas y decisivas para comprender la identidad y la misión de la Iglesia. Su significado, su evolución bíblica y su relación con la misión de Dios revelan una verdad profunda: la Iglesia no solo es un pueblo “llamado fuera”, sino también una comunidad “enviada afuera”.
Afuera: Adverbio que significa en el exterior, hacia el exterior o fuera de un lugar cerrado.
En un tiempo marcado por la globalización, la movilidad humana y la interconexión cultural, esta doble identidad encuentra una expresión renovada en el concepto de iglesia glocal, una iglesia que vive simultáneamente su misión local y global.
Ekklesía: llamados fuera para pertenecer a Cristo
El término griego ἐκκλησία (ekklesía) proviene de dos raíces: *ek* (fuera) y *kaleō* (llamar). En la Grecia clásica designaba a la asamblea convocada de ciudadanos para deliberar asuntos públicos. Los primeros cristianos adoptaron esta palabra para describir a la comunidad de quienes habían sido convocados por Cristo.
En su sentido más profundo, ekklesía expresa una identidad. La Iglesia es el pueblo llamado fuera de la oscuridad, del pecado y de la vieja vida para pertenecer a Dios. No se trata de un llamado geográfico, sino espiritual; es una transformación hacia adentro. La Iglesia nace de la voz de Cristo que convoca, reúne y forma un nuevo pueblo.
“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” (1 Pedro 2:9).
Como escribió el apóstol Pedro, este pueblo estaba fuera, sin salvación, sin esperanza, sin propósito y fue convocado por Cristo quien les salvó y les dio esperanza y propósito con la misión de anunciar el evangelio.
Llamados fuera del mundo, enviados afuera, hacia el mundo
Aunque la etimología de ekklesía no implica directamente la acción de “salir a evangelizar”, la identidad que describe sí prepara a la Iglesia para su misión. En el Nuevo Testamento, la comunidad cristiana vive una dinámica inseparable: es llamada fuera del mundo para ser enviada al mundo. Jesús lo expresa con claridad en su oración sacerdotal: “Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío al mundo” (Juan 17:18).
La Iglesia no es un refugio aislado ni debe ser una comunidad encerrada en sí misma. Es un pueblo convocado para ser enviado, una comunidad que encuentra su plenitud no solo en reunirse, sino también en ser testigo.
La identidad (ekklesía) y la misión (apostolē) forman un único movimiento: Cristo llama, forma y envía. Por esto afirmo que la Iglesia es la asamblea de los llamados hacia afuera y no solo de los llamados fuera.
La Gran Comisión: el movimiento natural de la ekklesía
La Gran Comisión (Mateo 28:18–20) no surge de la etimología de la palabra ekklesía, sino del propósito de Cristo para esa comunidad convocada. La secuencia bíblica es clara:
1. Cristo llama fuera: nace la ekklesía.
2. Cristo forma: discipulado, comunión, transformación.
3. Cristo envía afuera: misión local y global.
Por eso, aunque ekklesía no significa literalmente “ir”, la Iglesia no puede existir sin ir. La misión no es un programa ni una actividad opcional; es la expresión natural de quienes han sido llamados por Cristo. La Iglesia es una comunidad que vive en tensión creativa entre la convocación y el envío, entre la adoración y la misión, entre la comunión y el testimonio.
La Iglesia Glocal: una identidad para el mundo contemporáneo
En un mundo globalizado, donde las fronteras culturales se diluyen y las naciones conviven en las ciudades, la Iglesia está llamada a vivir su identidad y misión de manera glocal; local y global al mismo tiempo. Este concepto no es una moda, sino una expresión contemporánea de la dinámica bíblica de la ekklesía.
Una iglesia glocal es aquella que: Sirve y evangeliza en su entorno inmediato, participa activamente en la misión más allá de sus fronteras, reconoce que Dios trae las naciones a su propio barrio, entiende que la misión no es un destino, sino una disposición y vive la Gran Comisión como un estilo de vida.
La iglesia glocal no separa “misión local” de “misión mundial”. Vive ambas como una sola misión, porque Cristo es Señor de todas las naciones y de cada barrio. La globalización no debilita la misión; la amplifica. La movilidad humana no complica la evangelización; la acerca. La diversidad cultural no es un obstáculo; es una oportunidad para encarnar el Evangelio con mayor riqueza.
La palabra ekklesía nos recuerda que la Iglesia es, ante todo, una comunidad llamada fuera para pertenecer a Cristo. La Gran Comisión nos recuerda que esa misma comunidad es enviada afuera para hacer discípulos. Y la visión glocal nos invita a vivir esta identidad y misión de manera integral, relevante y contextualizada en el mundo actual.
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