‘Supéralo, perdónanos y vente a Venezuela’

¿Puede exigirse perdón desde el poder sin antes reconocer plenamente el daño causado?

12 DE JULIO DE 2026 · 08:00

Jorge Rodríguez (actual presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela,Jorge Rodríguez, Asamblea Nacional Venezuela
Jorge Rodríguez (actual presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela

Discurso político y heridas del alma venezolana (1)

Hay frases que no solo buscan cerrar debates; buscan reescribir la memoria.

Y cuando esas frases vienen de quienes han sido protagonistas del dolor histórico de una nación, dejan de ser simples declaraciones políticas para convertirse en intentos de administración emocional colectiva.

Recientemente, Jorge Rodríguez (actual presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela) expresó palabras dirigidas a los millones de venezolanos que viven fuera del país, invitándolos —de manera explícita o implícita— a “superar”, “perdonar” y regresar.

La frase parece conciliadora. Suena terapéutica. Incluso puede parecer “pastoral”. Pero detrás de ella se esconde una tensión ética y psicológica profundamente seria: ¿puede exigirse el perdón desde el poder sin antes reconocer plenamente el daño causado?

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La historia demuestra que los regímenes y sistemas ideológicos suelen intentar controlar no solo la economía o la política, sino también la narrativa emocional de las víctimas.

Allí aparece un paralelismo inquietante con Joseph Goebbels (jefe de propaganda de Hitler), quien entendió que la propaganda más efectiva no consiste únicamente en imponer una mentira, sino en moldear la percepción moral de la realidad.

Goebbels sabía que quien controla el relato termina controlando la culpa, la memoria y hasta el significado del sufrimiento.

No se trata de equiparar contextos históricos de manera simplista, sino de entender un mecanismo común: cuando el poder intenta convencer a las víctimas de que el verdadero problema es “no superar”, el dolor colectivo termina siendo tratado como una falla emocional de quienes sufrieron, y no como consecuencia de hechos concretos que requieren verdad y justicia.

Y aquí emerge una ironía profundamente humana: Jorge Rodríguez es psiquiatra. Precisamente por eso, sus palabras merecen todavía más análisis. Porque cualquier profesional de la salud mental sabe que superar no es un botón que se presiona; es un proceso complejo de elaboración del trauma ( Palabra griega para herida).

 

Superar no es olvidar

La palabra “superar” ha sido utilizada muchas veces como una forma elegante de pedir silencio. Pero espiritual, psicológica, y humanamente, superar no significa negar lo vivido.

Nadie supera el exilio ignorando la separación familiar. Nadie supera la persecución política fingiendo que nunca ocurrió.

Nadie supera el hambre, la humillación o la pérdida simplemente porque alguien desde una tarima lo sugiera.

El trauma colectivo venezolano no nació de una diferencia ideológica superficial. Nació de años de fractura institucional, polarización, pobreza, miedo, encarcelamientos, migración forzada y destrucción progresiva del tejido social.

Millones de venezolanos no emigraron por aventura. Se fueron porque sintieron que quedarse era morir lentamente en dignidad, oportunidades o esperanza.

Por eso, “superar” no puede convertirse en una consigna propagandística. Debe entenderse como un camino humano y espiritual que requiere verdad, reconocimiento del daño y reconstrucción interior.

En la Biblia, incluso Dios reconoce procesos.  El Señor no trata el dolor humano con superficialidad emocional.

El salmista dijo: "Mis lágrimas son mi pan de día y de noche, mientras me preguntan a todas horas: «¿Dónde está tu Dios?»."  (Salmo 42:3, NVI).

Y también: “El SEÑOR está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido. ” (Salmo 34:18, RVR60).

Dios no ridiculiza el dolor. Dios acompaña el proceso.

El duelo no es debilidad: es evidencia de una pérdida

La teología bíblica jamás trata el dolor como una señal de inmadurez espiritual. Por el contrario, las Escrituras reconocen el duelo como una de las experiencias más profundamente humanas.

La Biblia está llena de hombres y mujeres de Dios que lloraron.

  • Abraham lloró a Sara.
  • José lloró a Jacob.
  • David lloró a Jonatán.
  • Jeremías lloró por Jerusalén.
  • Pedro lloró amargamente tras negar a Cristo.
  • Y Jesús mismo lloró frente a la tumba de Lázaro.

 

El Evangelio no niega el duelo, lo redime.

El problema de estos “discursos políticos” contemporáneos es que intentan presentar el dolor colectivo como un obstáculo para la estabilidad narrativa del poder. Pero desde una perspectiva bíblica, el duelo no es una enfermedad moral; es la respuesta natural del alma frente a la pérdida.

La Biblia nunca romantiza el dolor.

El perdón cristiano no es amnesia moral

Los cristianos estamos llamados a perdonar. Eso no admite discusión bíblica.

Jesús enseñó: “Perdonad, y seréis perdonados” (Lucas 6:37, RVR60).

José perdonó a sus hermanos, pero antes hubo años de sufrimiento, distancia y pruebas (Génesis 45).

David perdonó a Saúl muchas veces, pero jamás negó la gravedad de su persecución.

Pero el perdón bíblico jamás fue presentado como una negación de la justicia. La gracia no elimina la responsabilidad moral. Por eso la próxima semana trataremos: Venezuela: primero justicia, luego paz y perdón 

Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL - Misión GloCal - ‘Supéralo, perdónanos y vente a Venezuela’