El traductor, evangelista de la palabra escrita
Deberíamos volver nuestra mirada hacia lo que nos enseña la Biblia con respecto a la escritura.
30 DE SEPTIEMBRE DE 2026 · 08:00
Hoy 30 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Traducción para recordar a Jerónimo de Estridón, que fue el traductor de la Biblia del hebreo al griego y al latín.
Poco se dice del oficio del traductor en términos generales. Tomar un texto y leerlo en la lengua materna se ha naturalizado de tal manera que los miles de lectores alrededor del mundo casi apenas reparan que hubo alguien –un traductor– que realizó la traducción para que esa lectura fuese posible.
Si bien es cierto que una traducción realizada con oficio debe ser fiel al texto original y transmitir su sentido, sin interpretar ni agregar nada al texto original, la invisibilidad del traductor dio como resultado un desconocimiento de su significativo papel.
El traductor es un evangelista de la palabra escrita y acá en este punto deberíamos volver nuestra mirada hacia lo que nos enseña la Biblia con respecto a la escritura.
Vemos que, entre otras maneras, Dios eligió comunicarse con nosotros por medio de textos: “El Señor le dijo a Moisés: —Sube al monte, donde yo estoy, y espérame allí, pues voy a darte unas tablas de piedra en las que he escrito la ley y los mandamientos para instruir a los israelitas” (Éxodo 24:12 RVR1960). Dios lo escribió con la finalidad de instruir.
Para comprender acabadamente el propósito de Dios vayamos al significado del verbo instruir y sus distintas acepciones, según la Real Academia Española: enseñar; doctrinar; comunicar sistemáticamente ideas, conocimientos o doctrinas; dar a conocer a alguien el estado de algo, informarle de ello, o comunicarle avisos o reglas de conducta. Y esto es precisamente lo que sucede: Dios se vale de los seres humanos para transmitir sus enseñanzas, doctrinas, avisos o reglas de conducta, etc.
Podemos encontrar en la Biblia otros ejemplos de la importancia del registro escrito: en el caso del profeta Isaías, Dios le dice: “Ve, pues, ahora, y escribe esta visión en una tabla delante de ellos, y regístrala en un libro, para que quede hasta el día postrero, eternamente y para siempre”, en la versión de la Reina Valera 1960, y en la Nueva Versión Internacional se expresa: “Anda, pues, delante de ellos, y grábalo en una tablilla. Escríbelo en un rollo de cuero, para que en los días venideros quede como un testimonio eterno” (Isaías 30:8, RVR 1960 y NVI, respectivamente).
De forma directa, Dios señala que el texto escrito trascenderá el paso del tiempo y el mensaje de Dios se transmitirá a las generaciones venideras. Después, al ser traducido, se evidencia el rol de evangelista del traductor.
En el Nuevo Testamento, el Señor le pide a Juan lo siguiente: “Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea” (Apocalipsis 1:11 RVR1960). Juan era el mensajero de Dios, lo que él escribió llegó a las siete iglesias y es un legado eterno para nosotros.
En resumen, la Palabra escrita de Dios nos enseña, ilumina nuestro camino y guía cada uno de nuestros pasos; los hombres somos instrumentos en sus manos y el traductor tiene el llamado de hacer que ese mensaje llegue a las naciones del mundo en la lengua materna de cada persona.
Bendiga el Señor los pasos de quienes han respondido al llamado de llevar el mensaje de la palabra escrita traducida.
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