¿Alá y el Dios judeocristiano son el mismo?
La mayoría de musulmanes contemporáneos vive fuera de las regiones árabes del Oriente Próximo y el norte de África.
16 DE AGOSTO DE 2026 · 08:00
El Corán y el islam (1)
Dentro de los grandes sistemas religiosos de los que la historia humana da cuenta, el islam es uno de los que ha cobrado mayor relevancia en los tiempos recientes.
No necesariamente en los mejores o más recomendables términos, debido básicamente a dos circunstancias entrelazadas entre sí que pasamos a ver.
En primer lugar, la globalización que nos ha permitido tener acceso y estar enterados con mucha mayor rapidez y extensión de lo que sucede en otros lugares lejanos del mundo, así como del impacto directo o indirecto que estos acontecimientos pueden tener sobre nosotros en virtud, precisamente, de esa interconexión e interdependencia global en medio de la cual el mundo entero se encuentra inmerso de un modo u otro.
Gracias al avanzado sistema de comunicaciones actual podemos saber de manera casi inmediata lo que ocurre en las antípodas, es decir al otro lado del mundo, por lejano que nos parezca geográfica y culturalmente hablando. Así, los países árabes en los que el islam surgió y en los que ha predominado históricamente, se vuelven más cercanos a nosotros, para bien y para mal.
Y en segundo lugar, la expansión creciente del islam más allá de la órbita de estos países, siendo también la fe religiosa dominante en muchos países del continente africano e incluso en significativos sectores de Asia oriental, así como la presencia cada vez más numerosa de musulmanes en todos los países europeos y del primer mundo en general, junto con el consecuente establecimiento de mezquitas y comunidades islámicas en todos ellos, que le confieren al islam una innegable y preocupante vigencia.
Matthew S. Gordon, doctor en estudios islámicos de la Universidad de Columbia nos informa que los musulmanes son mayoría en más de cincuenta países y constituyen una minoría importante en muchos otros y que, sin perjuicio de su presencia creciente en Europa y América, la mayoría vive en regiones en vías de desarrollo, como los países de lengua árabe del norte de África y Oriente Próximo y otras naciones de África oriental y occidental, así como del centro, el sur y el sudeste de Asia.
Este especialista también llama nuestra atención a un error muy común que consiste en que: “Los no musulmanes con frecuencia cometen el error de pensar que la mayoría de mahometanos [otro nombre para los musulmanes o seguidores del islam] son árabes. Esta idea se desprende del hecho de que casi todos los árabes son musulmanes y de los orígenes árabes de la religión en sí. Además, el árabe es el idioma en que fue revelado el Corán”.
Para desmentir este error nos informa también que: “Sin embargo, la mayoría de musulmanes contemporáneos vive fuera de las regiones árabes del Oriente Próximo y el norte de África. El país con una mayor población musulmana es Indonesia, seguido de Pakistán, Bangladesh y la India. La mayor parte de los iraníes y de los turcos son musulmanes” y no los países árabes como podría equivocadamente pensarse. Este especialista nos informa finalmente en este sentido que: “Los países musulmanes controlan aproximadamente dos tercios de las reservas de petróleo del mundo, lo que les proporciona prosperidad y vigor económico, dos factores fundamentales en la reafirmación del islamismo a nivel internacional”.
La preocupación principal respecto del islam gira alrededor de los movimientos extremistas integristas y fanáticos. Estos hacen significativa y protagónica presencia dentro del islam y recurren sistemáticamente al terrorismo. Tienen la convicción de que la Yihad o guerra santa para combatir al occidente infiel e imponer el islam por la fuerza sobre quienes lo rechazan o son indiferentes a él, es una obligación en conciencia de todo musulmán.
Estos principios extremistas proceden directamente de los preceptos consignados por Mahoma en el Corán, el libro sagrado por excelencia del islam, al que se considera la revelación de Alá a los hombres. Una idea en clara competencia con la afirmación judeocristiana de que la verdadera revelación de Dios a los hombres se da en la Biblia y no en el Corán, sin perjuicio del hecho de que los judíos no acepten, obviamente, el Nuevo Testamento, sino únicamente el Antiguo.
El Dios judeocristiano y Alá
Por lo dicho, si bien es cierto que el islam es, junto con el cristianismo y el judaísmo, la tercera de las tres grandes religiones que conforman la clasificación que las ciencias de la religión designan como “monoteísmo profético”, eso no significa, como muchos lo afirman con ignorancia, ligereza e incluso mala intención, que el Dios judeocristiano sea el mismo dios musulmán.
En realidad, es evidente que entre el judaísmo y el cristianismo, sin perjuicio de sus diferencias, existe una clara línea de continuidad. Línea de continuidad que no existe en relación con el islam, pues Mahoma es un iluminado nacionalista árabe que predicó que los judíos pervirtieron la ley de Moisés, y los cristianos el evangelio de Jesucristo y, por esta causa, fue necesaria una nueva revelación (el Corán).
La relación entre este monoteísmo musulmán y los dos primeros ya mencionados no es, pues, de continuidad, sino de ruptura y oposición.
Para este monoteísmo Moisés y Jesucristo son únicamente profetas malinterpretados por sus seguidores, siendo Mahoma el mayor entre todos los profetas, y el que viene a corregir las malas interpretaciones que se hicieron de lo dicho por sus predecesores, incluyendo a Abraham, el primero de sus profetas y padre de los pueblos árabes (a través de sus hijos Ismael y Madián), entre quienes surge originalmente el islamismo.
Es bueno tener esto en cuenta pues el punto común entre islamismo y judeocristianismo es la creencia en un solo Dios verdadero (monoteísmo), pero el carácter del Dios judeocristiano revelado en la Biblia y en Jesucristo difiere ostensiblemente del carácter del Alá musulmán revelado en el Corán, por lo que decir que el Dios judío o cristiano es el mismo dios musulmán es una peligrosa inexactitud si con ello se pretende señalar algo más que la simple coincidencia monoteísta.
De hecho, los judeocristianos concordamos en nuestra creencia de que, en el mejor de los casos, los musulmanes han pervertido el carácter del único Dios vivo y verdadero revelado en la Biblia; y en el peor de los casos creemos que lo han reemplazado por un plagiario y pobre sustituto que no difiere en mucho de los ídolos combatidos en las Escrituras.
Por eso las eventuales coincidencias entre judeocristianismo e islamismo no deben verse más allá de la mera concepción monoteísta de Dios y nada más.
De todo ello seguiremos tratando la próxima semana en esta serie.
Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL - Creer y comprender - ¿Alá y el Dios judeocristiano son el mismo?