La oración intercesora en el plan de Dios

Es célebre esa especie de regateo intercesor emprendido con Dios por Abraham acerca de Sodoma 

05 DE JULIO DE 2026 · 08:00

Abraham orando (imagen de recurso),Abraham orando
Abraham orando (imagen de recurso)

La oración intercesora (2)

La Biblia enseña, desde el Antiguo Testamento, que la intercesión perseverante tiene un lugar central en el plan de Dios.

Los profetas se refieren a esta actividad con imágenes poderosas como ésta: “Jerusalén, sobre tus muros he puesto centinelas que nunca callarán, ni de día ni de noche. Ustedes, los que invocan al SEÑOR, no se den descanso; ni tampoco lo dejen descansar, hasta que establezca a Jerusalén y la convierta en la alabanza de la tierra” (Isaías 62:6-7).

Describen de este modo una fe que clama con confianza hasta ver de manera más que satisfactoria la restauración anhelada.

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Es célebre esa especie de regateo intercesor emprendido con Dios por Abraham acerca de Sodoma en el que el padre de la fe fue reduciendo sucesivamente sus expectativas de encontrar el número suficiente de justos en la ciudad que lograran diferir o cancelar el justo juicio sobre ella.

Es conocido que recibe de Dios como respuesta que incluso si hubiera 10, Él no la hubiera destruido“… Abraham volvió a decir: -No se enoje mi Señor, pero permítame hablar una vez más. Tal vez se encuentren sólo diez… -Aun por esos diez no la destruiré -respondió el Señor por última vez” (Génesis 18:24-32).

Sin embargo y a propósito de la destrucción de estas ciudades, también encontramos instrucciones divinas desconcertantes de este estilo: “En cuanto a ti, Jeremías, no ores por este pueblo. No me ruegues ni me supliques por ellos, porque yo no escucharé cuando clamen a mí por causa de su calamidad” (Jeremías 11:14).

Vemos una instrucción justificada en el hecho de que la intercesión no es una fórmula mágica y automática, ni una manera de “doblarle el brazo” a Dios, sino que implica de nuestra parte una sensibilidad tal que nos lleve a discernir la voluntad de Dios.

Y en la voluntad soberana y justa de Dios a veces invita a clamar sin cesar y en otras ocasiones señala límites a la intercesión frente a la dureza del corazón humano y las decisiones irreversibles de juicio por parte de Dios hacia los pecadores contumaces e impenitentes.

Llama la atención también que el apóstol requiere de la iglesia reciprocidad intercesora hacia él y su llamado apostólico al pedirle a los colosenses que: “intercedan por nosotros a fin de que Dios nos abra la puerta para proclamar la palabra, el misterio de Cristo por el cual estoy preso” (Colosenses 4:3).

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Artículos anteriores de esta trilogía sobre "La oración intercesora":

1.- La oración intercesora

2.- La oración intercesora en el plan de Dios

Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL - Creer y comprender - La oración intercesora en el plan de Dios