La oración intercesora

El apóstol Pablo es un ejemplo a seguir al respecto.

28 DE JUNIO DE 2026 · 08:00

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La oración intercesora (1)

La oración, reconocida como una de las principales y más imperativas actividades llevadas a cabo por los creyentes en la iglesia en obediencia a la instrucción e invitación divina a hacerlo en toda circunstancia, adquiere una de sus más específicas y nobles formas en lo que se conoce como “intercesión”.

Se trata de un tipo de oración que ruega a Dios por el bienestar de nuestros semejantes y más exactamente, de nuestro prójimo con nombre propio.

El apóstol Pablo es un ejemplo a seguir al respecto cuando en sus epístolas afirma:

No he dejado de dar gracias por ustedes al recordarlos en mis oraciones. Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor. Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre el pueblo santo, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos… (Efesios 1:16-19).

Llama la atención que su intercesión no se centra, como podría pensarse, en necesidades materiales pasajeras, sino en el conocimiento profundo de Cristo y en la esperanza eterna.

Este tipo de peticiones intercesoras no eran para Pablo algo ocasional, sino una práctica continua y sistemática de su ministerio y vocación de vida, pues también a los filipenses les escribe: “Esto es lo que pido en oración: que el amor de ustedes abunde cada vez más en conocimiento y en buen juicio” (Filipenses 1:9).

Él mismo deja constancia del afecto y la preocupación con las que los recordaba siempre en sus oraciones: “Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de ustedes. En todas mis oraciones por todos ustedes, siempre oro con alegría” (Filipenses 1:3-4).

Son declaraciones reiteradas en todas las “epístolas de la prisión”, pues también en Colosenses leemos: “Siempre que oramos por ustedes, damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Colosenses 1:3).

Con todo esto confirma que interceder no es solo pedir por las necesidades materiales temporales de las personas de nuestros afectos, sino también y de un modo especial por su madurez espiritual proyectada hacia nuestro destino eterno.

Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL - Creer y comprender - La oración intercesora