El cuidado de la Creación
Contaminados del gnosticismo y del platonismo los cristianos hemos terminado menospreciando sutilmente la creación material de Dios.
21 DE SEPTIEMBRE DE 2025 · 08:00
Ecología y Biblia (2)
La tradición teológica cristiana reformada llama “mandato cultural” al contenido en Génesis 1:28-30 y 2:15 que, al justificar la actividad cultural del hombre, no se limita a ordenarle cultivar los recursos naturales provistos por Dios en la creación, sino también a cuidarlos, es decir, cultivarlos responsablemente, lo cual va en línea con la conciencia que hoy se fomenta en cuanto al carácter limitado de los recursos naturales (como por ejemplo los combustibles fósiles) y el concepto actual de desarrollo sostenible.
En realidad, la auto marginación culpable de los cristianos en relación con los temas ecológicos no obedece a la reacción de denuncia contra el panteísmo que suele acompañar a la actual ecología desasociándose, por lo tanto, de ella. Sus orígenes son mucho más antiguos y hunden sus raíces en el pensamiento griego de personajes como los antiguos gnósticos que se infiltraron en la iglesia a finales del siglo I y durante el siglo II de nuestra era hasta ser plenamente identificados y expulsados de ella y, posteriormente, a través del pensamiento de Platón introducido en la teología cristiana por el gran teólogo Agustín de Hipona, quien llevó a cabo una síntesis entre Platón y el cristianismo que llegó a dominar el pensamiento cristiano durante casi toda la Edad Media.
Así, pues, ciertos aspectos del pensamiento de los gnósticos rechazado en principio por la iglesia, llegó después a colarse oficialmente en ella gracias a la acogida que Agustín dio a Platón, quien quedó así avalado por el bien ganado prestigio universal del famoso teólogo de Hipona.
En consecuencia, de la mano del pensamiento procedente de los griegos que consideraban que el espíritu es bueno y la materia mala (los gnósticos), o por lo menos que la realidad material percibida por los sentidos es inferior y menos real que la realidad intangible e inmaterial del mundo puro de las ideas (Platón); los cristianos terminaron menospreciando sutilmente la creación material de Dios y desentendiéndose en buena medida de ella.
Y esto en oposición con lo revelado en la Palabra de Dios. La Biblia afirma tajantemente que cuando Dios miró todo lo que había hecho, es decir su creación material debidamente concluida: “consideró que era muy bueno” (Génesis 1:31), añadiendo luego que: “Dios hizo todo hermoso en su momento” (Eclesiastés 3:11).
El mundo material es, entonces, parte de la buena creación de Dios. Y este punto ciego en la visión de la iglesia abonó en ella el terreno para que con el tiempo fuera germinando la ausencia de una auténtica conciencia ecológica.
De este modo, para muchos cristianos enfocados casi exclusivamente en la salvación eterna y en el mundo del espíritu parecería que nos encontramos ante una disyuntiva que consistiría en que si elegimos la materia tendríamos que renunciar al espíritu y si elegimos el espíritu tendríamos que hacer lo propio con la materia.
Por supuesto ante esta falsa disyuntiva el creyente opta usualmente por escoger el espíritu por encima de la materia, la cual resulta degradada y pierde su importancia a los ojos de estos cristianos, que pueden ser mayoría. Como resultado de ello la resurrección del cuerpo y la renovación de este mundo material anunciada por Dios en su Palabra para los últimos tiempos deja de ser un motivo que guíe la acción de estos creyentes.
En efecto parecería que para muchos creyentes inadvertidamente influenciados por el pensamiento griego de los gnósticos y de Platón el mundo material deja de ser uno de los auténticos intereses del cristiano o pasa a estar en el último lugar de sus prioridades y la ecología cristiana es una de las grandes damnificadas.
Más allá de estas equivocadas interpretaciones, lo cierto es que los cristianos podemos y debemos abrazar tanto la materia ꟷy por extensión, la naturalezaꟷ como el espíritu, colocados ambos en su justo lugar y proporción. La idea de que tenemos que elegir entre los dos es un falso dilema. No es eso lo que Cristo requiere de quienes creemos en Él. Él únicamente nos pide que pongamos nuestra vida en la relación adecuada y correcta, tanto con la materia como con el espíritu.
Porque el hecho de que en el evangelio el mundo espiritual tenga prioridad no significa que debamos ignorar o menospreciar impunemente el mundo material. Por eso, el cristiano que honra el mundo del espíritu tal como éste se nos revela en la Biblia descubrirá que al hacerlo terminará indefectiblemente incorporando y dignificando a la materia, confiriéndole un significado más elevado que el reconocimiento excluyente y desmedido que reclama para ella el materialismo ateo a lo Marx, y promoviendo entonces una verdadera y bien fundamentada ecología cristiana, pues la materia juega un insoslayable e importante papel en la vida cristiana.
Encontramos pues plenamente justificada la necesidad de una auténtica ecología impulsada por legítimos motivos cristianos, aunque hay que marcar algunas diferencias adicionales entre ella y la ecología secular. De esto hablaremos en nuestro próximo artículo.
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Serie sobre "Ecología y Biblia"
1.- ¿Existe una ‘ecología cristiana’?
2.- El cuidado de la Creación
Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL - Creer y comprender - El cuidado de la Creación