Polémica por usar catedrales anglicanas como discoteca o sala de concierto

Incluso en algunos casos ha habido raves organizadas por empresas de ocio nocturno en iglesias emblemáticas de Reino Unido.

Redacción ED

Agencias · 08 DE SEPTIEMBRE DE 2026 · 08:00

Discoteca silenciosa en la Catedral de Canterbury, el pasado mes de agosto,discoteca anglicana
Discoteca silenciosa en la Catedral de Canterbury, el pasado mes de agosto

Varias de las catedrales más emblemáticas de Inglaterra están en el centro de una creciente controversia tras la decisión de acoger conciertos, discotecas “silenciosas” y, en algunos casos, raves organizadas por empresas vinculadas al ocio nocturno.

Estas iniciativas, impulsadas por la necesidad de generar ingresos para el mantenimiento de edificios históricos, han provocado críticas de sectores sociales, asociaciones patrimoniales y descendientes de figuras históricas.

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La polémica más reciente se concentra en la Catedral de San Pablo, en Londres, que ha firmado un acuerdo plurianual con el club nocturno Fabric, conocido por su relevancia en la escena electrónica y por haber perdido su licencia en 2016 tras dos muertes relacionadas con drogas.

Los responsables del proyecto defienden que estos conciertos buscan atraer nuevos visitantes y ofrecer formas alternativas de experimentar el valor arquitectónico y cultural del edificio. Según la dirección de la catedral, el programa ha sido diseñado para encajar con la acústica y el entorno histórico del templo.

Sin embargo, la ubicación de los eventos ha generado críticas adicionales debido a la proximidad de la tumba del almirante Horatio Nelson, enterrado en la cripta del templo. Descendientes del militar han calificado la iniciativa como una falta de respeto y han denunciado que se permite “bailar sobre tumbas”.

La controversia no se limita a Londres. En otras catedrales anglicanas —como Canterbury, Durham, Salisbury, Wells o Worcester— se han celebrado conciertos de música pop, espectáculos tributo y discotecas silenciosas, donde los asistentes bailan con auriculares mientras el interior se ilumina con luces de colores. En Canterbury, uno de estos eventos reunió a cientos de personas que bailaron música de los años 80 y 90, con barras de bebidas instaladas en los pasillos laterales.

Estas actividades han sido justificadas por los organizadores como una vía para atraer a personas que normalmente no entrarían en un templo y para cubrir los elevados costes de mantenimiento. Algunas catedrales han informado que una sola discoteca silenciosa puede generar alrededor de 20.000 libras, frente a gastos diarios que rondan las 30.000 libras.

La situación económica es un factor determinante: según la Asociación de Catedrales Inglesas, tres de cada cuatro catedrales operan con déficit, lo que obliga a buscar fórmulas alternativas de financiación ante la escasa aportación institucional y la falta de apoyo público regular.

Las críticas, por su parte, se centran en la percepción de que estos espacios históricos pierden su carácter simbólico, religioso, y su función tradicional al convertirse en escenarios de ocio nocturno. Algunos comentaristas han advertido que estas prácticas podrían transformar las catedrales en simples lugares de entretenimiento, desvinculados de su significado cultural y espiritual original.

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