Día de la Biblia | Abinader: ‘El Gobierno y los hombres pasan, pero Dios permanece’
El presidente dominicano presidió una gran concentración nacional que celebró la Biblia como marco ético para orientar la vida institucional del país.
Agencias · 28 DE SEPTIEMBRE DE 2026 · 08:00
La celebración del Día Nacional de la Biblia volvió a demostrar que, en República Dominicana, la fe no es un elemento accesorio de la vida pública, sino un componente estructural de su identidad institucional.
La efeméride —establecida por la Ley 204-84 y conmemorada cada 27 de septiembre— se sostiene sobre un hecho singular: la Biblia abierta en el escudo nacional, un símbolo que ningún otro país exhibe y que, como recordaron múltiples líderes religiosos, expresa una tradición espiritual profundamente arraigada.
Este año, la jornada estuvo marcada por dos momentos complementarios: la XIX Marcha-Concentración en los sectores de la zona norte del Distrito Nacional, y la gran concentración nacional en el Pabellón de Voleibol del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, encabezada por el presidente Luis Abinader.
Ambas actividades reunieron a cientos de familias, congregaciones y organizaciones cristianas, en un ambiente de cánticos, oraciones y reflexiones sobre el papel de la Biblia en la vida personal y colectiva.
La actividad central contó con la participación de autoridades y representantes de distintas denominaciones: Luis Abinader, presidente de la República, Milcíades Franjul, enlace del Poder Ejecutivo con las Iglesias Evangélicas y coordinador del Gabinete de la Familia. Alejandro Valera Carmona, representante de la Iglesia Católica, fue el encargado de la lectura bíblica.

La presencia del mandatario no fue meramente protocolar. Por sexto año consecutivo, recibió en nombre del Gobierno la celebración y, esta vez, un reconocimiento de la Comunidad Cristiana Nacional por abrir las puertas del Palacio Nacional para esta conmemoración.
El acto reunió también a los principales referentes del liderazgo evangélico dominicano: Reynaldo Franco Aquino, presidente de la Alianza Evangélica Dominicana (AED), Feliciano Lancer, presidente del CODUE, Rafy Paz, presidente de CONEDO, Adolfo Mateo, presidente de CONACOPE, Carmen Checo, directora de la Sociedad Bíblica Dominicana y Lorenzo Mota King, director del Servicio Social de Iglesias.
Sus intervenciones coincidieron en un punto: la Biblia no solo es un texto religioso, sino un marco ético que, según ellos, debe orientar la vida institucional del país. Franco Aquino recordó que millones de personas encuentran en sus enseñanzas “esperanza, paz, libertad y propósito”, y subrayó el peso simbólico de su presencia en el escudo nacional.
Franjul, por su parte, insistió en que los principios bíblicos —justicia, solidaridad, responsabilidad, servicio— deben acompañar las políticas públicas y la convivencia social. Su mensaje apuntó a una idea recurrente en el discurso evangélico dominicano: la fe como fundamento de una sociedad ordenada y pacífica.
Las declaraciones de Abinader: fe, gestión y permanencia

El presidente Abinader articuló su intervención en torno a una frase que se repitió en todas las coberturas periodísticas: “El Gobierno pasa, los hombres pasan, pero Dios permanece.”
El mandatario afirmó que su fe es una guía diaria en su vida pública, y que la oración es una práctica diaria “todos los días cuando me levanto” y “todos los días antes de acostarme”. Pidió bendiciones para el país y para el mundo. Su discurso, breve y directo, reforzó la idea de que la relación entre Gobierno e iglesias no es coyuntural, sino sostenida y estratégica.
La presencia evangélica en la vida nacional
La celebración del Día de la Biblia es, en sí misma, un termómetro de la influencia evangélica en República Dominicana. Las iglesias cristianas participan activamente en programas comunitarios y de asistencia social; trabajo con familias, jóvenes y sectores vulnerables; jornadas de oración y acompañamiento espiritual en momentos de crisis; y movilización social en torno a valores y principios morales.
La masiva participación en la marcha y en la concentración nacional, así como la entrega del reconocimiento al presidente, evidencian una relación estrecha entre el liderazgo evangélico y el Gobierno. No se trata únicamente de un acto religioso, sino de un espacio donde se reafirma la presencia de las iglesias como actores sociales relevantes y, en muchos casos, interlocutores del poder político.
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