¡Esto es una locura!
Me dirijo a los que retienen aún la cordura suficiente para sobrevivir al naufragio humanista.
02 DE JUNIO DE 2026 · 08:00
A partir del siglo XV un culto progresivo a la razón humana fue convirtiéndola en objeto de adoración e idolatría.
El clímax se produjo durante la Revolución Francesa de 1789 cuando la razón fue paseada a caballo en París en forma de una mujer coronada. Allí se proclamó oficialmente el “culto a la razón”, aunque no duró mucho tiempo.
Cuando las calles de París se convirtieron en ríos de sangre durante la llamada “época del terror” la sociedad se decepcionó de la nueva “diosa” y buscó otro fundamento secular. Empezó, entonces, el largo descenso a la irracionalidad.
Todo el siglo XIX fue testigo de este vaivén existencial que, antes de dar respuestas, ahondaba la desintegración social.
La convulsión llegó a tal punto que los gobiernos —según las sugestivas palabras de José Luis Villacañas en “La filosofía del siglo XIX”— terminó “ofreciendo a los hombres la borrachera de la autodestrucción masiva”.
Dos guerras mundiales terminaron con las pocas esperanzas que quedaban de alcanzar el paraíso que ofrecía la razón. Aun así, la razón no fue desechada por completo pero, sin un fundamento trascendente, terminó engendrando con el tiempo una locura tan profunda que hasta logra disfrazarse de cordura.
Lo que escribo a continuación, por tanto, está dirigido a los cuerdos que aún no sucumbieron al embrujo de la subjetividad postracionalista y que hoy pasan por locos.
Es decir, me dirijo a todos aquellos que, alejados de la corrección política que exigen los hegemónicos locos, retienen aún la cordura suficiente para sobrevivir al naufragio humanista.
Entenderán ustedes que hay cosas que tienen que ser dichas, aunque muchos no quieran escucharlas. Que hay verdades que deben ser proclamadas aunque haya que pagar un alto precio por hacerlo:
- Es locura decir que "todo es relativo" convencido de que lo que se dice es absoluto. Reclamar “igualdad” pero buscar imponerla con "discriminación positiva", "cuotas" o "paridad". Que "inclusión" tenga que ver más con fantasías subjetivas que con discapacidades reales.
- Es locura hablar de "tolerancia" y “no discriminación”, y promover la cancelación y el acoso de toda persona que expresa una opinión que no nos gusta. Hablar de democracia y actuar con totalitarismo.
- Es locura decir que hay seres humanos de mayor y menor valor. Que se llame al asesinato prenatal un "derecho" o a la muerte provocada una “muerte digna”. Que se asesinen embriones “indeseables” o se los entregue para experimentos. Que a un hijo se le llame “mi cuerpo” sólo para poder expulsarlo como si fuera una muela. Que alguien que ha nacido proclame que es mejor que otras personas no nazcan, pero que dedique su vida a luchar por la sobrevivencia de los animales.
- Es locura creer que, por naturaleza, todos los hombres son opresores y todas las mujeres son oprimidas. Que para corregir los "roles de sexo” se proponga destruir el sexo mismo. Que se afirme que el sexo no existe y, a continuación, se defienda a la “mujer” sin poder definirla.
- Es locura creer que el "género" es real, mientras que el sexo es "construcción social". No poder decir abiertamente que hombres y mujeres son iguales en dignidad y derechos, pero diferentes en lo demás. No poder decir la obviedad de que los niños no tienen vagina y las niñas no tienen pene.
- Es locura afirmar que la fantasía crea la realidad. Que las "identidades sexuales" son naturales, menos la de hombre y mujer. Que los sentimientos crean “derechos”. Que mutilar el cuerpo soluciona un problema de la mente.
- Es locura que el Estado asuma el control de la niñez y deseche a los padres. Que les enseñe a “cambiar de identidad sexual” a gusto. Que anime a los niños a denunciar a sus padres si no cooperan, y que los sexualice bajo la excusa del "derecho al placer".
Señores cuerdos: hay mucha locura.
Pero la locura más grande de todas es, sin duda, afirmar que los locos son cuerdos y que los cuerdos son locos, proclamar sanos a los enfermos y enfermos a los sanos, normalizar la locura y patologizar la cordura.
Señores cuerdos: ¿dejaremos que tamaña locura se autoproclame como nueva cordura?
Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL - Desde el Sur - ¡Esto es una locura!