La oración ante el silencio de Dios
El silencio de Dios da origen a las llamadas oraciones de lamentación, características de Jeremías, Job y amplios tramos de los salmos, entre otros.
27 DE SEPTIEMBRE DE 2026 · 08:00
En medio de Su silencio (1)
El silencio de Dios es algo con lo cual todo cristiano honesto y maduro tendrá que lidiar durante significativos y a veces prolongados periodos de su vida de fe.
Guarda, por supuesto, mucha relación con la tradición teológica del “Dios que se esconde” ya abordada antes en este blog.
Los únicos que no tendrán que hacerlo son quienes suscriben la fe simplista, infantil y triunfalista promovida en los contextos neopentecostales que presumen que Dios les habla de manera clara, directa y personal todos los días; un planteamiento que, al final, no deja de ser nada más que una engañosa impostura.
De hecho, el silencio de Dios da origen a toda una categoría de oraciones bíblicas legítimas: las llamadas oraciones de lamentación, tan características de Jeremías, Job y amplios tramos de los salmos, entre otros.
Son oraciones que, más que “deficientes”, irreverentes o impropias, muestran una honestidad radical, una ausencia de autoengaño piadoso, un lenguaje no filtrado por la corrección litúrgica y una fe que, aunque herida, no ha dejado de hablarle a Dios.
Oraciones que pueden estar llenas de dudas, de reproches, de cansancio y desesperanza, pero no de indiferencia.
En el peor de los casos es una fe en estado mínimo, pero una fe real después de todo. Una fe aludida por el profeta con estas palabras en el contexto del cumplimiento del anuncio profético relativo al mesías cuando dice:
No acabará de romper la caña quebrada ni apagará la mecha que apenas arde (Isaías 42:3)
Son oraciones que se hacen no desde la engañosa emoción y el sentimiento en caliente, sino desde la más atemperada y decantada convicción y la creencia teológica firme. Se hacen entendiendo que el silencio de Dios no significa desaprobación, ni que la postración padecida o sentida es castigo, tampoco que la carencia es condena o la espera indefinida es una forma de rechazo divino.
Estas oraciones, si bien plantean estas posibilidades, al mismo tiempo las cuestionan. Es decir que reflejan una tensión no resuelta por la que, por un lado, se teme estar bajo juicio, pero por otro, se sigue apelando de forma esperanzada a Cristo y a sus méritos.
Una tensión que es, justamente, el lugar donde suele darse la fe probada, pues estas oraciones también manifiestan un saludable rechazo a una fe superficial e incluso a una prosperidad anestesiante y un anhelo de sentido, dirección, significado y comunión real y profunda.
Oraciones catárticas que al final, luego del desahogo, se rinden de nuevo a Dios expresándole de un modo u otro que, aunque no se esté en condiciones de entender sus caminos y silenciosas formas de actuar, no se está dispuesto tampoco a dejar de hablarle y a pedirle que sostenga nuestra fe vacilante con base en la confianza que Él, de todos modos, nos merece.
La semana próxima cerraremos este tema abordando La fe que persevera en medio de Su silencio
Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL - Creer y comprender - La oración ante el silencio de Dios