‘Lux’, ¿cuál luz?: sincretismo fascinante y el genio artístico

¿’Lux’ de Rosalía es un sincretismo, ese proceso en el que aspectos de una religión son asimilados por otra llevando a cambios fundamentales en ambas religiones?

13 DE NOVIEMBRE DE 2025 · 08:00

Portada de Lux (Rosalía),Lux, Rosalía
Portada de Lux (Rosalía)

Desde España, salen un par de obras, como otras de antaño, desde artistas venidos del mundo (no tradicional) del flamenco, como “Lux” de Rosalía, y “Cru+es” de Niño de Elche y Raül Refree, que ponen en la palestra artística y confesional, lo que implica y cómo puede llegar a expresarse, al romper ciertas barreras formales que se ha autoimpuesto la mayor parte de la cristiandad al momento de enfrentar la creatividad artística, el (positivamente hablando) patetismo de la búsqueda humana por lo divino, o ese término moderno clínicamente depurado de teología para traducirlo a lo exclusivamente antropológico: “lo sagrado”. Pero creo que para la cultura cristiana se está omitiendo un factor polémico desde el siglo XVIII: el sincretismo.

Según las palabras de Jesús, hay un tipo de conocimiento trascendental que viene por vías que no son ni “de carne ni sangre” (Mateo 16:17). ¿Podría un pensador o un artista llegar a Dios con sus puras ganas? La gnosis, como una corriente que tomaría astillas del tronco de la tradición cristiana, cree que manejar ciertas informaciones, que el individuo podría en su libertad e intimidad generarse y descubrir para sí mismo un camino propio de iluminación, incluso, que el “personaje” Cristo, no necesariamente fue todo lo que la tradición dice, pero que al menos hay algo que se puede rescatar de él como un iluminado más.

La búsqueda de muchos personajes públicos y artistas, en especial, con sus recursos multi sensoriales, tienen herramientas comunicacionales que logran difundir no sólo un mensaje y concepto específico, sino que el artista como personaje, se expone como una obra en sí mismo, su vida se convierte en hagiografía heterodoxa, pagana, si se quiere. Los medios de comunicación son el “canvas” para su peregrinaje, y los consumidores, sus devotos.

El boom de los años 60s, que quiso quebrar con toda una generación marcada por las dos grandes corrientes cristianas de occidente (catolicismo y protestantismo) y los traumas post guerra, mostró una vitrina gigantesca de artistas que fueron a buscar la trascendencia a otras tradiciones, religiones, prácticas y sectas.

En medio de eso, el tejido sincrético fue el caldo de cultivo propicio para todo lo que luego se conoció como Nueva Era, por ejemplo, sin mencionar en esto, el telón de trasfondo de la infame teosofía, que era un movimiento que se sostenía en actitud de mezcla. El artista se convirtió en un peregrino sincretista en que la sensación se volvió la burbuja y la consolación terapéutica, la prueba empírica que validaba la legitimidad de la búsqueda. Un caminar nómade que por periodos se asentaba en una tradición, para años después trasladarse a otra y así sucesivamente.

Según lo define R. C. Sproul, sincretismo “es el proceso por el cual algunos aspectos de una religión son asimilados, o incorporados, a otra religión (...) esto lleva a cambios fundamentales en ambas religiones”, pero como se puede intuir ya, la tentación está desde la ortodoxia, en el diálogo con el mundo que la circunda, entonces, “cada generación de cristianos tiene que enfrentarse con la tentación del sincretismo (...) si nuestro deseo es ‘estar al día’ o ser contemporáneo en nuestras prácticas y creencias, caeremos en la tentación de ser conformados por los modelos de este mundo (...) aceptaremos las prácticas y las ideas paganas e intentaremos ‘bautizarlas”.

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Identidad y relevancia

Parece a veces que los entusiasmos que despiertan el que algunos artistas hablen explícitamente de sus búsquedas espirituales, o inclusive que hagan alusión directa a la Biblia y al cristianismo, de forma profana o no, lleva a algunos ha otorgar ese “bautismo”, de “ungir” algo como cristiano, y ahí surge aquello de lo “culturalmente cristiano”, pero aun así sin ser el ‘genio’ artístico un converso. J. Moltmann señalaba a un dilema que se da en esto, entre la “relevancia” y la “identidad”, en que definir ambas producía lo siguiente: la identidad nunca puede desentenderse de su contexto temporal, no está suspendida en el éter sin tocar y estar en algún tipo de dinámica con su tiempo e historia, por más que quiera, y la relevancia nunca se puede desligar de su identidad, por más que busque dialogar con su contexto.

Pero antes de profundizar en esta reflexión, Moltmann escribe esta frase contundente: “En el cristianismo la cruz prueba todo lo que merece llamarse cristiano”. Adelanto: la conversión, para la tradición cristiana es determinante, y el mero simpatizar no crea una hermandad real, ni tampoco salva.

No es culpa de los artistas y otros creadores o gestores, es propio de la época. En sectas y movimientos esotéricos como la magia del caos, el espíritu posmoderno se expresa al modo en que la dimensión supra material o metafísica, finalmente dependen de los límites conceptuales y materiales de la cognición, es mera manipulación de energía, por lo tanto, puedo crear yo mismo la deidad o entidad espiritual para proyectar en y mediante ella, las energías que en mí existen (conciente y subconscientemente) y que tienen un potencial que quizá ni yo puedo cuantificar pero que se manifestarán no sólo en la proyección psíquica que haga de x ídolo, sino en cómo puedo revestir con ello a alguno conocido, lo que importa es que todo esto es expresión de mi deseo y lo que busco obtener.

La experiencia espiritual y los resultados que provengan de ello finalmente son de mi creación. Toda aquella curiosidad y necesidad de búsqueda de trascendencia más que ser sólo un instinto o vacío existencial, la canalizo en el ídolo-símbolo, una especie de “golem” que encarna mi voluntad, mi veta artística es la afirmación de mi deseo, puedo adornarla con toda la búsqueda de referentes que encuentre en mi camino, no importa la tradición, si es útil y da resultado, es mí camino y es lo que importa, es mi figura autoral la que se ve resaltada finalmente por medio de la espiritualidad. La habilidad artística y mágica está en todos los recursos que pongo al servicio de mi autosugestión y obtención de mi deseo.

De alguna forma es lo que se puede decir que figuras como Patti Smith encarnan, en la fascinación de la devoción al Yo. Es exaltar la fe de la fe, el fenómeno en sí, más que lo que “pretende” encontrar. “Lo mejor de Jesús no es necesariamente el mismo Jesús, sino la creencia de la gente que le ha mantenido vivo durante siglos”, dice Patti Smith, la misma que poéticamente apunta a que no importa la puerta o cantidad de puertas que la búsqueda humana pueda abrir, porque nunca serán suficientes.

Versos que son citados en la actualmente celebrada obra “Lux” de Rosalía. Pero ante todo esto, aunque denota la travesía humana por llenar ese vacío de eternidad que tiene en su ser, el cristianismo cree que efectivamente la fe adquiere muchas formas en la humanidad, pero es sólo una la que abre la única puerta al Reino de los Cielos. Donald A. Carson, cita a Colin J. Sedwick, en su “Amordazando a Dios”: “la teología liberal se ha convertido en algo con tanta deferencia frente a otros sistemas de creencia que corre el peligro de perder su diferenciación cristiana”.

 

El cristianismo se centra en una persona: Jesús

La diferencia con el cristianismo es que al centro y como eje de ambos pactos que se registran en la Biblia, me enfrento con una persona, y el retrato que de Él, al menos en parte y con alta relevancia, conjugan los 4 evangelios. Si acaso la curiosidad sincrética quiera mirar con suspicacia este canon, quitando o agregando otros “evangelios”, al menos podríamos considerar que debiera manejar con cierta atención lo mínimo que podría leer directamente en los cuatro evangelios “convencionales”.

En esta intersección de evangelios se esculpe el retrato y rostro de un ser humano, que interpela a mis limitaciones y sugiere mis potenciales, referidos éstos, a lo que suceda de pasar por un proceso iniciático alimentado básicamente en la confianza de lo que Él enseña, confronta y dirige.

No es la relación en sí misma o mi propia búsqueda y recursos lo que define a ese Otro que viene e interpela, sino que es ese Otro el que define la relación. “La comprensión del ser en general no puede dominar la relación con el Otro (...) Ésta manda sobre aquella”, escribiría Levinas, en respuesta a Heidegger, que pone el énfasis en los límites y recursos de la “búsqueda”, ante el vacío de algo que me llama desde fuera. Este “Otro” que retratan los evangelios, cuando habla y actúa, lo hace también desde una forma particular, desde una tradición que lo precede y anuncia.

El sincretismo al momento de enfrentarse a la posibilidad histórica y sobrenatural, de la existencia de este “personaje” tendría que entrar a rendir, pausar o suspender sus ramificaciones caóticas de especulación y sentarse a prestar atención, al decir de la paradoja de C. S. Lewis, a lo que podrían ser o delirios, mentiras o fatalmente, verdades, de este hombre venido de una familia de Nazareth.

Para la antes citada artista, Patti Smith, el hecho de que Jesús existiese o no “ya no tiene importancia”, pero el que haya vivido entre nosotros, ante esa audaz paradoja de Lewis, nos pone en la posición a la que apuntaba, por ejemplo, la primera epístola de Juan, porque decir que Jesús vino en carne, y creer, que sería seguirle, implicaría compromiso con Su enseñanza, de forma exclusiva.

 

Experiencia mística artística y supermarket espiritual

¿Habrá resultado que de los artistas que dieron gran valor a la experiencia mística en sí, den crédito a las palabras y tradición de cada maestro? Entonces parece que el vicio superficial y selectivo del gran supermarket espiritual de la Nueva Era, adquiere otra forma, y en el fondo, el gesto tan humano como viejo, de evadir la posibilidad que el hijo de carpintero de Nazareth era efectivamente lo que dijo ser.

La invención de la figura del genio, y ese artista que ahora no sólo es artesano, sino también una personalidad excepcional, quizá, promotor ideal de las premisas liberales, hoy es la que también puede adoptar, y ya lo ha hecho, las formas del sacerdote y chamán que se entrega a esta búsqueda de consagración sincrética, sin llegar al punto que exige la asimilación seria de las tradiciones.

Muchos artistas terminaron su vida adoptando una tradición, no muchos de ellos lograron popularidad por ser cristianos, sino que despertaron la curiosidad exótica del afán turístico occidental de mirar cómo sus genios artísticos terminaron afiliados a religiones “diferentes”. Budismo, islam, magia y chamanismo, dentro del menú, ante el desenfado heredado y repetido en los mantras hippies y rockeros de los abuelos de los 60 y 70.

¿Qué podríamos esperar de una curiosidad artística por las religiones, por la pluralidad de expresiones de búsquedas místicas, del turismo espiritual? Quizá no mucho ni nada nuevo, sólo no olvidar que la búsqueda espiritual de un genio artístico no es más que eso: la búsqueda de un individuo, con mucha atención puesta en él, mediante el aparataje técnico de las cámaras, la transmisión y la estrategia de marketing, y para algunos de nosotros, sería descuidar el hecho de que más allá de la fascinación étnica, histórica e intelectual de esta heterodoxia occidental, estamos olvidando incluso la sencillez de la encarnación y perseverancia de fe de personas que sin cámaras frente a sí, sin grandes obras artisticas a su haber, son milagros caminantes y que han sido biografías cruzadas por la confrontación y relación con esa persona que nos “fue nacida” y que es el Dios-con-Nosotros, que sin más efectismo que el haber caminado entre nosotros, removió los cimientos de toda la civilización que hemos conocido, y que no se le conoce sin un “grado” de muerte y renuncia que expone al peligro lo que justamente se exalta en los artistas modernos: su genio y figura, su “creatividad”, su particularidad, depositaria de las proyecciones de quienes también, no estarían dispuesto ha serlo, y que ven el camino creativo de estos mártires de sus propios egos, como expresión de la religión consagrada al Yo.

El artista cuando abre su proceso creativo está generando también una proyección e identificación con quienes le veneran. El artista como ese “santo” católico romano, que no exige “adoración”, sino esa ambigua “veneración”, que en el fondo es ejemplo y modelo para otros, para constituirse en “mediador” para una vida piadosa, si acaso su “pasión” y “camino de búsqueda” se hace en sí misma modelo de espiritualidad, pero es la proyección colectiva de una justificación por obras, nominada hoy, en la justificación en la propia búsqueda, poniendo el foco en el Yo, y no en la entidad superior que podría venir a confrontar a ese Yo.

Desde John Coltrane a Madonna, de Patti Smith a Cat Stevens, de Leonard Cohen a Sínead O’Connor, desde George Harrison a Sting, a pesar de lo atractiva de sus búsquedas, para el cristiano, es dramático pensar que no llegaron ni han llegado “a puerto”. Pero cuando el nazareno confrontó esto, “muchos de sus discípulos se apartaron y ya no andaban con Él” (Juan 6:61-66).

Según Isaías 53:2-3, la apariencia de este hombre no necesariamente cumple con los cánones de lo que hoy se busca o espera en los artistas. Tendríamos que considerar el grado de valor que le damos a la apariencia, hoy, respecto a las consecuencias del mensaje de una obra, o vida. Nos podemos admirar en medio del goce estético, pero olvidamos de que al parecer al menos en las señales del presente, cuando somos espectadores y quizá nos identificamos con la búsqueda de un artista, allí hay un alma que no está llegando a puerto, ni siquiera al punto de inicio del camino de discipulado.

Puedo apelar a una riqueza cultural o de otro tipo, un amplio y atractivo bagaje de experiencias y saberes, pero todo se resuelve en algo: ¿creo o no creo en Quien me llama? Y no creer en su mera existencia, sino en ese trascendental sentido de “creer” que es confiar y actuar conforme a esa confianza en mis propias decisiones.

La intención no hizo que el joven rico (Mateo 19:16-23), al menos, al momento de encontrarse con Cristo, nada de lo que tenía, cambiara su rumbo para caminar junto a Él. La espectacularidad no hace mejor la ofrenda ni la oración (Lucas 21:1-4, Mateo 6:1-4, Lucas 18:14). Por eso, volviendo a la cita de J. Moltmann, más allá de lo que se muestra o se pueda sufrir, hay efectivamente un sólo camino, y lo que muere allí, consagra hacia un sólo punto.

 

Ante el mero “cristianismo cultural”

Otro aspecto en el que nos podemos confundir es quedarnos suficientemente satisfechos con el mero “cristianismo cultural” de algo, porque a efectos espirituales y cristianos, es equivalente a apelar a "el Dios de Pablo" de los judíos exorcistas (Hechos 19:13 en adelante): cómo gano dinero y fama, comerciando con la fe de otros.

En el plano posmoderno, se deja y neutraliza el fondo del evangelismo cristiano, al ponerlo en la misma vitrina de premios, publicidad y videoclips, junto a otras tradiciones -la condición es que de ahí no se mueva, ni pretenda algo más que sólo eso, sino queda fuera-.

La fascinación del producto, y de cómo un “profano” busca formas novedosas, mediante el arte, de acercarse a las expresiones de fe, en este caso, cristianas, de alguna forma también deja en una posición en desmedro, a los artistas cristianos, que en masa, siempre remedan de los géneros y estilos musicales, por ejemplo, de lo que en “el mundo” se produce, porque estos artistas, con su estilo señalan a la poca creatividad, timidez y mojigatería artística de los que no se atreven a búsquedas más particulares, a la experimentación y exploración, pero sí bien pueden alabar, desde dentro del edificio de la fe cristiana, cómo se pasean algunos no conversos, por las vitrinas de las reliquias de fe.

Desde “dentro” hay una limitante adoptada por prejuicios culturales, y del otro lado, hay una exploración que contrasta o compara, quizá heterodoxamente, los principios de la cultura cristiana. Aunque sé que hay excepciones que si bien, no son tan conocidas a niveles continentales, sí conociendo y buscando dentro de la misma tradición cristiana, forman una obra artística singular y destacable. Para éstos, el sincretismo no es la moneda de cambio para lograr fama, sino que mantenerse en una línea de búsqueda y vivencia de la persona de Jesús, es el sine qua non de su creatividad.

Para la veta liberal del mercado, lo anterior, para otros, no sería tan atractivo, pero están dispuestos a aplaudir el sincretismo antes que la impopular devoción de los que permanecen caminando, sin escandalizarse del Cristo. No les genera tanta curiosidad que Niño de Elche pueda poner al mismo nivel la vida monacal con la astrología, o Rosalía pueda poner en la misma vitrina posmoderna la vida de algún “santo” con un “rishi” del hinduismo, lo mismo en el budismo, taoísmo, judaísmo o islam.

Me queda resonando el principio ocultista de la magia del caos: importa el resultado, no la fuente. El sincretismo, más allá de la curiosidad y búsqueda espiritual de algún ser humano, exaltado como genio artista, no suma al evangelismo cuando lo dejo omitido a un margen, por poner el foco en las virtudes formales de una obra.

La obra artística centrada en la búsqueda espiritual podría ser un puerta, pero las puertas pueden abrirte el camino a acercarte a la fe en Cristo, como pueden bloquearla. No tienen un valor en sí mismo respecto a esta trascendentalidad, porque también creemos que no se trata de poder maravillarnos con el malabarismo de conceptos, símbolos y anécdotas hagiográficas, sino que pasa por una revelación, ni de carne, ni de sangre.

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Bibliografía:

  • Jurgen Moltmann, El Dios crucificado, Sígueme, 1975.
  • R. C. Sproul, Las grandes doctrinas de la Biblia, Unilit, 1996.
  • Donald A. Carson, Amordazando a Dios - El cristianismo frente al pluralismo, Andamio, 2016.
  • José de Segovia, “Patti Smith: Los sueños infantiles de una Testigo de Jehová”, Entrelíneas, 2014  https://www.entrelineas.org/revista/patti-smith
  • Emmanuel Levinas, “Totalidad e Infinito”, Sígueme, 2020.

 

Entrevistas y series televisivas:

  • ROSALÍA: The LUX Interview | The Zane Lowe Interview (Youtube)
  • Niño de Elche habla de Música, Silencio y Fe con Josué Moreno | El Cafetal #21 (Youtube)
  • Francis Schaeffer, "¿Cómo debemos vivir entonces", capítulo 7, "La Era de la sin Razón".

Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL - Oniria - ‘Lux’, ¿cuál luz?: sincretismo fascinante y el genio artístico