La expectativa del venezolano debe estar sólo en Dios

Fijemos nuestra esperanza de cambio sólo en el Señor, Él hará a través de los mismos venezolanos

28 DE DICIEMBRE DE 2025 · 08:00

Andrés Silva, Unsplash,venezolano andando, bandera Venezuela
Andrés Silva, Unsplash

Venezuela es una nación muy singular, diferente a todas las naciones hermanas de Latinoamérica. Al acercarse el final de año, entre la celebración navideña y el 31 de diciembre, las familias se unen en torno a la mesa y hasta comparten con los vecinos, y es precisamente eso lo que más extrañan los venezolanos de la diáspora en estas últimas dos décadas.

Últimamente las reuniones se han hecho por video llamadas donde no han faltado las lágrimas al ver los nuevos nietos y sobrinos nacer y crecer en el extranjero donde la inmensa mayoría debió viajar por causa de la aguda y creciente crisis nacional. Los cristianos y las iglesias no escapan a esta dura realidad, así como se desmembran las familias sucede igual con el cuerpo de Cristo en Venezuela.

Con el pasar de los años la expectativa de cambio se ha ido disipando y un profundo dolor se ha adueñado del corazón de los venezolanos, quienes al cierre de este 2025 han visto decaer su fe y esperanza de volver a reunirse en torno a la mesa familiar en una Venezuela semejante o mejor que la vivida hace décadas atrás.

En nuestro país nadie quiere una guerra, sino una salida pacífica que enrumbe a la nación sin que sea necesario llegar a derramar ni una sola gota de sangre, más cuando sabemos que Jesucristo derramó la suya para redimirnos de toda maldad y de la muerte eterna.

Al encuestar empíricamente a las personas en las calles de Venezuela la mayoría expresa no querer una guerra, pero tampoco desean que Venezuela se mantenga en esta profunda crisis política que ha permeado a la economía y que mantiene una confrontación interna y también externa con naciones que otrora fueron de gran bendición para nuestro país, pero que hoy presionan por una solución que regrese a millones de venezolanos que están causando problemas de sobrepoblación por causa de su migración.

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Mientras tanto, la Iglesia de Jesucristo se mantiene en un permanente clamor al Padre por una pronta salida a la crisis venezolana, pero algunos elementos de ella están orando y actuando en contra de la voluntad de Dios, pues en vez de llamar a un arrepentimiento nacional, que comience desde los que están en eminencia hasta el más humilde venezolano, lo que hacen es aupar y hasta engañarlos diciéndoles que lo están haciendo bien y que Dios les apoya.

El Altísimo JAMÁS estará a favor de quien actúe impíamente y se rehusé a arrepentirse, sea este político, militar, legislador, juez, profesional, empresario o un sencillo trabajador.

Los cristianos sabemos bien, y de ello dan fe las Sagradas Escrituras, que, si un pueblo y sus gobernantes no buscan del Señor, sino que actúan injusta y pecaminosamente, repentinamente vendrá el juicio divino para traer justicia y paz.

Sucedió con Israel y las naciones vecinas, desde los pequeños pueblos a los más grandes imperios. No en vano escribió el gran profeta Daniel acerca de Dios: «Tú cambias los tiempos y las edades, y a unos reyes los pones y a otros los quitas...» (Daniel 2:21a). Dios es el dueño de la tierra, su plenitud y sus habitantes (Salmo 24:1), desde los más grandes e importantes hasta los más pequeños y humildes.

El Señor es quien permite que los gobernantes estén por determinado tiempo y les delega de su autoridad suprema (Juan 19:11), a unos los ha endurecido para castigarlos como a Faraón y a otros de reciente data, mientras que a otros los ha dotado de sabiduría para bendición de sus gobernados. A todos, absolutamente a todos, Dios les advierte que no opriman y sean equitativos con su pueblo, pero cuando no obedecen, de manera repentina los quita.

La frase escrita por el apóstol Pablo: «No se engañen. Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre siembre, eso también cosechará» (Gálatas 6:7); aplica también para quienes están en eminencia, si hacen el bien en sus cargos Dios los premia y bendice; de lo contrario les hará cosechar todo el mal sembrado desde sus cargos. A esta sentencia no escapará nadie en la tierra.

Los cristianos genuinos, quienes amamos al prójimo como a nosotros mismos, nos duele que a quienes Dios permite estar cerca de los que temporalmente están en eminencia le oculten la verdad absoluta de la Palabra de Dios, esa misma Palabra que puede justificarles o condenarles. De ellos demandará la sangre de los gobernantes a quienes han ocultado la verdad, porque debiendo ser atalayas (Ezequiel 33:7-9) se constituyeron en ministros complacientes del pecado ajeno que ha sumido a Venezuela en la actual ruina.

Tal vez muchos venezolanos tengan su expectativa puesta en que otras naciones vengan a resolvernos los problemas, pero los cristianos venezolanos sabemos bien lo que le dijo el ángel al profeta Zacarías: «No con ejército ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho el SEÑOR de los Ejército» (Zacarías 4:6b). Así peleará Dios por Venezuela, de manera espiritual, con el poder del Espíritu Santo, en el nombre de Cristo Jesús.

Fijemos nuestra expectativa de cambio sólo en el Señor, Él hará a través de los mismos venezolanos, para eso ha estado preparando al pueblo durante décadas; inclusive, Dios mismo ha permitido que millones salgan para que cuando regresen vengan con una visión renovada y con un mayor amor por su nación que el que le tenían antes de salir.

Dios es fiel y contesta cada oración hecha en el nombre de Cristo Jesús, con un corazón contrito y humillado. Él está listo para derramar de su gracia infinita sobre Venezuela, así como para juzgar a todos aquellos que dilapidaron los recursos que el Señor puso en sus manos y sumieron al pueblo en la más lamentable pobreza.

Acaso no dice la Biblia:

«Peca el que desprecia a su prójimo, pero el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado» (Proverbios 14:21).

«No robes al pobre, porque es pobre; ni oprimas al afligido en las puertas de la ciudad. Porque el SEÑOR defenderá la causa de ellos y despojará al alma de quienes los despojan» (Proverbios 22:22-23).

Y, por si fuera poco, las Escrituras recomiendan...

«Calla delante del Señor y espera en él. No te alteres con motivo de los que prosperan en su camino, por el hombre que hace maldades.

Deja la ira y abandona el enojo; de ninguna manera te apasiones por hacer lo malo.

Porque los malhechores serán destruidos, pero los que esperan en el Señor heredarán la tierra.

Dentro de poco no quedará el impío. Contemplarás su lugar, y no aparecerá.

Pero los mansos heredarán la tierra y se deleitarán por la abundancia de paz» (Salmo 37:7-11).

Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL - Clarinada venezolana - La expectativa del venezolano debe estar sólo en Dios